Les apuesto que nunca le han dado gracias a su mano por funcionar, por ser fuerte, por estar donde está, en su brazo. Hace poco más de un mes tuve un accidente, mientras bailaba en una disco de Moyobamba, San Martín. Esa noche daba vueltas sobre unos zapatos numero 12, con taco aguja, hasta entonces creía que era una experta, que tenía grandes habilidades equilibristas y sobre todo que nunca me caería de tales zapatos, cuales edificios. Pero pasó, caí, en medio todo el público charapa, que trataba de levantarme, pero no podía, el dolor de mi mano era grande. Resulta que caí sobre mi mano (¡la derecha!) no la podía mover, cualquier pequeño movimiento dolía tanto que hasta el aire dolía. Eran las tres de la madrugada, fui a un hospital y me inyectaron una solución analgésica además de entablillarme la mano. Con eso al menos podía hablar y ya no solo quejarme. Por la mañana fui al traumatólogo, cuya clínica me habían recomendado, pero siempre me decía a mi misma, optimista como nunca, "no te preocupes, ha dolido, pero no tanto como para ser una fractura, sácale una radiografía sólo para salir de dudas". Me sacaron dos radiografías, y qué creen.
El traumatologo me explicó, viendo con asombro que mi mano, mi preciosa mano, aquella narcisista y delicada que me había acompañado en las buenas y en las malas por 21 años ya no sería la misma, pues tenía una fractura. Mi delgado radio se había roto y mi más delgado cúbito se había rajado. Lo único que alcancé a decirle fué: Con razón dolió tanto!
Yeso por un mes. Solo me quedaba una mano, la mano amiga, la izquierda, la de repuesto, aquel accidente por unos segundos me había dejado la mano inmovilizada por un mes. Para bañarme tenía que ponerme una bolsa en el brazo, para que el yeso no se mojara, y tenía que pedir ayuda, para jabonarme la espalda y el brazo izquierdo, mi independencia estaba por los suelos. ¿Se imaginan cuanto me demoraba para ponerme la ropa, para ir al baño? Si son mujeres entenderán que el maquillaje es muy importante, ahora traten de pasarse el delinador líquido con la mano izquierda, aunque no lo crean con mi perseverancia lo logré. Lo único que nunca cambió fué la pérdida de tiempo que significaba escribir mails, practicamernte tecla por tecla. Eso sí, muy dentro de mí mi hemisferio izquierdo me agradecía pues con el trabajo distinto que en ese momento hacía, le quitaba las telarañas. Hoy esos días unimanuales quedaron atrás, estreno brazo nuevo, que aunque un poco chueco y más delgadito que el otro, lo complementa. Recuerden siempre, dos trabajan mejor que uno solo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario