lunes, 25 de julio de 2011

La Mantis Religiosa

Estimados lectores,
Cuanto tiempo sin escribir... no resistí más, pues hacerlo es una de mis tantas pasiones en esta vida. En esta ocasión -como quien hace un calentamiento antes del partido- les compartiré uno de mis poemas favoritos, un poco existencial y reflexivo... un placer a nuestros ojos: "La Mantis Religiosa"... Tan natural y pacifico como su autor, el poeta peruano japonés José Watanabe, quien desafortunadamente a dejado este mundo, pero que nos deja su bellísimo legado lírico.
Aquí el poema, disfrutenlo:


Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por el sol
hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm. de mis ojos.
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla del Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas,
confiando excesivamente en su imitación de ramita o palito seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegró entre mis dedos como una fina y quebradiza cáscara.
Una enciclopedia casual me explica ahora que yo había destruido
a un macho
vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra, cantando y meneándose, llamando
hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta
Y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis.
En el beso
ella desliza una larga lengua tubular hasta el estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva cáustica, un ácido,
que va licuándole los órganos
y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso, y el macho
se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula
a la muerte.
Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita.
Las enciclopedias no conjeturan. Ésta tampoco supone qué última palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra
de agradecimiento.


Estimados lectores, el poema deja entrever -como dice Watanabe- la condición del hombre y mujer como ser que entrega todo y al fin por ello queda vacio... no es que no debamos darnos por completo al algo que deseemos pienso. Creo que Watanabe quiso decir que aunque el final de algunos hechos no sean tan gratos, debemos agradecer por esos instantes de felicidad o placer a nuestros sentidos. 

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