domingo, 10 de octubre de 2010

Viaje al Altomayo II

Salí de Moyobamba rumbo a Rioja, en auto demoras 40 minutos. Llegué al "Villa María" también de noche, me hospedé en la pequeña cabaña sobre el lago de paiches. Podía optar entre la cabaña y un bungalow frente a la piscina, ambos tienen una hermosa vista, pero si te gusta lo exotico la cabaña es la mejor opción. A la mañana siguiente desperté temprano, no podía esperar para ver la belleza que la laguna disimulaba en la noche, salí y me encontré con una verdadera obra de arte traida frente a mis ojos, y deben creerme, porque la autora tiene además de un paladar, unos oídos y unos ojos muy exigentes, pero lo que ví aquella mañana me dejó paralizada, era una combinación de sensaciones, las mias y las del lugar, con una neblina que volaba unos centímetros sobre aquella laguna, cuyos paiches nunca llegué a ver, sólo escuchaba por las noches al dormir (pues me quede tres días en el recreo) como algo salía y volvía a entrar al lago, serían ellos, qué tímidos. Esos días en el recreo -en realidad todo mi viaje- me alimenté basicamente de tacacho y cecina y refresco de aguajina (bebida hecha con aguaje), el recreo te ofrecía un plato de tacacho como para dos personas, a tres soles y una jarra de aguajina a cinco. Al principio, aquel recreo turístico de "Villa María" era solo una parada que había que hacer para llegar a la naciente del río Tioyacu, personalmente para cualquier pesona debe ser tambien una parada obligatoria, tiene en total tres lagunas, un minizoologico con monos fraile (pregunten por pancho -el de la foto-, pero cuiden sus joyas que mas que mono fraile, parece mono choro), maquisapas, gallinas con un corte extraño, sajinos, majases, una piscina y tres bellos pavos reales que caminan con libertad.
Luego de dar una vuelta y conocer todo el Villa María, fui rumbo al famoso ya, Tioyacu, el tiempo en llegar es de 5 minutos en mototaxi. En la entrada, encuentras a varias señoras vendiendo maduro con queso, no perdí la oportunidad de comer al menos uno, lo malo es que como es dulce, las avispas, abejas, y todos los insectos charapas te persiguen, y a mí y a mi entomofobia no nos gustaba su presencia. Salí lo mas rápido de los puestos de maduro y llegué a la naciente, que - de nuevo- me dejó atónita de tanta belleza... la vida empezaba a tener más sentido. ¿Cómo había vivido 21 años de mi vida sin haber visto maravillas como la naciente de este rio? Nadie debe privar a sus sentidos de esta experiencia.
El agua del Tioyacu es fría, si te mantienes nadando no lo sientes, pero si te detienes un par de minutos quieres salir en busca de sol de inmediato. Si es que mis lectores se animan a ir a este lugar, no deben olvidar llevar lentes para nadar, es que el Tioyacu es un acuario natural: de agua cristalina, con rocas fitocubiertas y con pequeños y hermosos peces nadando a tu lado. El espectaculo está dentro de la naciente. Eso sí lleven repelente y bloqueador, nose en que orden lo utilicen o cual prioricen, pero que no se les olvide. Después de nadar, la siguiente parada en mi lista era Palestina (ni me imaginaba que habia tal distrito) en la provincia de Nueva Cajamarca, departamento de San Martín. Mi objetivo era llegar a la cueva de los Huacharos, qué nombre para raro pensé, qué serian los huacharos, una tribu?, unas aves?, seres mitológicos? Lo segundo, eran aves, asi dijo el guía que me llevó, que a la vez fue mi mototaxista, pues esta cueva no es muy concurrida, es por el camino -luego comprobé- tienes que ir como 15 minutos en moto y luego caminar otros 15 minutos por un pasaje cubierto de plantas y rodeado de grandes árboles con troncos húmedos. Llegué al fin, pero me aterraban las telarañas encima de la entrada, de repente los huacharos no eran aves eran arañas pensé. No pude ingresar a toda la cueva, las rocas al interior eran húmedas y cuando intentaba subirlas, me caía. Además no lograba ver el fondo, moraleja: deben llevar una buena linterna, con potencia amplia, que al menos se acerque a ver los límites de la cueva. Comprendí luego que mi visita a la cueva, no fue tanto a la misma, fue más al camino que lleva a ella y sus alrededores: todo verde, rodeado de montañas cubiertas de árboles, cuyos picos estaban ordenados uniformemente por la naturaleza. Estando allá, notas qué pequeño eres si te comparas con la naturaleza, en la selva pareciese como si su flora no termina nunca, no quieres que termine. Satisfecha, regresé casi de noche al Villa María, su fauna te ofrece un concierto en conjunto, al acostarme escuchaba a grillos, aves y mas aves bohemias, qué diferencia con la vida en Lima! Otra vida! Al día siguiente, mientras comía mi plato de tacacho y tomaba mi ganocafé, pensaba que lugar seguía en mi lista: Pedro Ruiz, primera parada para llegar a las cataratas de Gocta.




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