Les cuento a groso modo que antes de llegar a Pedro Ruiz, distrito de la provincia de Bongará, departamento de Amazonas, quize conocer la provincia de Bagua. El viaje de Rioja a Bagua demora 3 horas aprox, llegué en la noche y a penas me bajé del auto, el chofer me aconsejó no estar mucho tiempo en la calle buscando hospedaje, pues según el la delincuencia habia aumentado y corría aún más riesgo estando con las maletas. Sorprendida -y asustada- ingresé al primer hotel que encontré, el cual por la premura imaginan no era el mejor del lugar; pero si estaba en Bagua era porque queria comprobar las malas apreciaciones que anteriormente habia recibido de ella... era verdad. No solo era el hospedaje en el que habia llegado a parar, sino el clima asfixiante. Estar en Bagua es como estar en el sauna, es una mezcla de las dos cámaras, la seca y la de vapor, al menos en el sauna cuando no aguantas la temperatura, sales -escapas- a la sala de reposo, en Bagua no puedes, todo es igual: no dejaba de sudar, era agobiante, trataba de ser optimista, de pensar que si era como un sauna, me haría bajar aunque sea unos miligramos, algo es algo pensaba, pero el calor se me iba a la cabeza -y no es que tenía la cabeza caliente- quería salir, regresar a Rioja, solo me quedaba una opción: tener valor.
Al día siguiente, salí a dar una vuelta y conocer los alrededores, algo bueno tenia que haber en Bagua. Después de un par de horas caminando lo mejor que encontré fueron los marcianos o chups de hielo, que me liberaban un poco del dantesco calor. Tal vez estoy siendo un poco cruel, incluso hasta podría estar cayendo en la exageración, pero tengan en cuenta que la única apreciación que les puedo dar de cualquier cosa, la doy bajo mi modo se sentir, pensar, e interpretar. En Bagua me di cuenta que estaba cerca de Jaén (departamento de Cajamarca), a una hora y media, asi que aproveché la cercanía. Jaén para mí es especial, no por su belleza, sino porque fué el primer lugar donde viajé sola y es además el lugar donde vive mi abuelo. Les cuento además que como es ceja de selva tiene un clima agradable, y un hotel que sí quisiera recomendar: "El Bosque". Situado en la misma avenida principal, por donde transitan las motos, tiene un espacio tan bien
acomodado, que te transporta.
Estando dentro de El Bosque, ni te imaginas que afuera está la pista, tiene una piscina grande y limpia rodeada de palmeras. Una habitación matrimonial te cuesta 120 soles, incluído -según prefieras- el desayuno americano o continental, aire acondicionado, y toda la atención que requieras. Luego de estar dos días en Jaén regresé por la misma carretera Belaunde Terry, más conocida como "la marginal" rumbo a Pedro Ruiz, les informo que esta carretera está llena de curvas, yo terminé como si hubiera tomado -al menos- un par de pisco sours dobles. Después de un par de horas llegué y me hospedé en el "Casa Blanca" un hotel que me habían recomendado, allí pasé la noche pero lo mejor empezaba al siguiente día. Dormí pensando en despertar, ya quería esta en el Gocta, por si no recuerdan la tercera catarata más alta del mundo. La siguiente parada tenía que ser en el pueblo de Cocachimba, tomé un auto que te lleva por 15 soles hasta allá. Cuando llegué (luego de 20 minutos) el paisaje de aquel pequeño pueblo me pareció de película. Estaba aislado, con razón demoraron tantos
años en descubrirla pensé, el acceso no es fácil, es un pueblito alejado... pero qué vista regala. En esos momentos recordaba aquel episodio de la película "Titanic", cuando Leonardo Di Caprio se para en la punta del inmenso barco y al sentir la brisa dice: ¡Soy el rey del mundo! Me sentía más libre que nunca, nada malo podía pasar en aquel lugar, era demasiado bello. Al llegar pregunté cuál era la ruta que seguir, cuánto iba a demorar, para eso hay una oficina donde las que atendían (unas señoras del lugar) me dijeron muy amables que demoraría dos horas en ir y otras dos en regresar, pero eso era relativo al ritmo al que caminaría y que para no cansarme tanto, podía alquilar un caballo, que me llevaría hasta la mitad de camino. Alquilé un caballo por 20 soles, "chiquitín", por si van y les ofrecen un caballo con ese nombre opten por cualquier otro. Cuando lo ví entré en conflicto, no sabía si podía llevarme hasta la mitad del camino o si yo lo llevaría. Chiquitín era flaco, enano, y tenía el peor pelaje de todos, ni siquiera para decir que era un pony. Pero por dentro decía "No te dejes llevar por la primera impresión, derrepente es pura fibra no puro hueso como aparenta, derrepente justo hoy no lo bañaron, derrepente es un caballo de raza pequinés". Al menos lo primero era cierto, pudo cargarme. El camino a la catarata es parecido a la Bolsa de Valores, sube y baja, pero los pobladores felizmente lo han acondicionado con escalones de piedra para hacerlo menos peligroso. Al principio ni podía respirar del miedo por subir y bajar a caballo, ambas tareas eran extremas, pero luego no quería bajarme de aquel -casi raquitico- caballo, disfruté mucho el trayecto. El caballo me dejó a la mitad del camino, y sólo quedaba el guía, caminé por 40 minutos, ya veí
a de cerca las dos hermosas caídas de Gocta. Pensé que cuando estaba lejos la veía delgada por la distancia, pero a medida que me acercaba seguía siendolo, era un pequeño chorro, el guía me dijo que ello se debía porque no era época de lluvia, pero que si iba en los meses de marzo vería tanta agua cual central hidroelectrica. Mi rostro -quemado por la caminata ausente de sombra- agradeció la brizna que prodigaba el Gocta al caer, aún con poca agua.
Personalmente, el mérito de Gocta es ser la tercera catarata más alta del mundo, no la más bella, no vayan con esa expectativa. Lo que si puede ser catalogado como el pueblo más bello es Cocachimba, parada previa al Gocta, este pueblo rodeado de rocas gigantescas, no eran cerros con rocas, eran rocas del tamaño de un cerro... todo conspiraba para que no pareciese real. Seguro cuando Calderón de la Barca decía que la vida es sueño se refería a lugares como Cocachimba.
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